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lunes, 4 de enero de 2016

Amarelos


Da mesa onde está, por entre os intervalos das cortinas, vê passarem lá fora os carros eléctricos, ouve-os ranger nas curvas, o tilintar das campainhas soando liquidamente na atmosfera coada de chuva, como os sinos duma catedral submersa ou as cordas de um cravo ecoando infinitamente entre as paredes de um poço.
José Saramago - O ano da morte de Ricardo Reis

Uno de los vistosos rasgos de identidad que confiere personalidad propia y única a la capital portuguesa son los tranvías (los lisboetas les llaman carros elétricos), esos carricoches amarillos -os amarelos- que discurren traqueteando entre vías de un lado a otro de la ciudad desde la primera guerra mundial.

Esos paquidermos mecánicos son un icono de la capital  y sus movimientos han sido recogidos por sus más celebres escritores, desde Saramago hasta Pessoa. Con su diseño antiguo, su llamativo color y sus asientos de madera, se les ve constantemente salvando con acierto distancias y desniveles en esta Lisboa sinuosa.


En Lisboa circulan tres tipos de tranvías. Los clásicos amarillos y de madera, que circulan desde principios del siglo XX son los más atractivos. Hay otros muy funcionales y modernos, también amarillos, con aspecto de trenes. También se ven por las calles unos rojos que son exclusivamente turísticos y que no se utilizan como transporte público. En ellos se van dando explicaciones acerca de la ciudad y son bastante más caros. 

El 28 es el tranvía más emblemático y el más utilizado por todo el mundo. Funciona ininterrumpidamente desde 1914, dispone de una red de casi diez kilómetros y su recorrido por calles estrechas y empedradas permite conectar varios puntos de interés en la ciudad. La ruta del tranvía 28 pasa por barrios y callejas singulares con marcado sabor local, lo que lo convierte en un medio muy adecuado para recorrer la ciudad y tener una idea aproximada de la misma. El 28 sale de la Praça do Martim Moniz (al norte de Baixa) y en su primer tramo atraviesa los distritos de Graça y Alfama. En el camino pasa frente a la Catedral Sé. El tramo entre el mirador de Santa Luzia y el distrito de Baixa es el más concurrido. Desde Baixa, el 28 atraviesa el Chiado, el distrito de la vida nocturna de Barrio Alto y el imponente distrito de Estrela. La Basílica de Estrela es el último de los principales lugares de interés que hay a lo largo de la ruta.

El 28 es un alivio placentero para los visitantes en una ciudad que por razones bien evidentes se dice asentada sobre siete colinas. Cuando el tranvía llega a Alfama, las paredes de las calles parecen que se encogen y en algunos puntos da la sensación que el vagón va a rozar las fachadas de ambas aceras. Una parada interesante es la del Mirador das Portas do Sol.

Estos son los otros cuatro amarelos que circulan por Lisboa:

- El 12E hace un recorrido circular. Praça da Figueira - Praça da Figueira, por Moureria y Alfama.
- El 15E nos lleva desde Cais do Sodré hasta Belem.
- El 18E sale de Rua da Alfândega, Praça do Comercio, Cementerio de Ajuda y regresa.
- El 25E Campo de Ourique (Prazeres), Estrela, Lapa, Praça do Comercio, Alfama (Rua Alfândega).

Horarios:

Tranvía 12E. Lunes a viernes: 8:00-20:45. Sábados y domingos: 9:00-20:15.
Tranvía 15E: Lunes a sábados: 5:45-01:00. Domingos y festivos: 6:05-01:00.
Tranvía 18E: De 6:20-20:15 (sábados hasta 13:25). No funciona domingos y festivos ni en agosto.
Tranvía 25E: De 7:00-21:00. No funciona sábados, domingos ni festivos.
Tranvía 28E: Lunes a viernes: 5:40-21:15. Sábados: 5:45-22:30. Domingos y festivos: 6:45-22:30.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Volver a Lisboa

Desde que uno prueba Lisboa mantiene latente para siempre la esperanza de volver. Es innegable. Lisboa tiene embrujo, es única, tiene un aroma que embriaga, algo poco evidente que crea adicción. Es como el deseo permanente de volver a una casa que nos acoge, de hacer realidad una ilusión insatisfecha o de reencontrarse con un viejo amor con el que nunca se ha dejado de soñar. Y no importa el momento ni la circunstancia para volver a ilusionarse, cualquier ocasión es buena para intentarlo.

En este caso la oportunidad se presenta en enero, como regalo imprevisto del recién estrenado 2016. ¡Qué mejor disculpa! Año nuevo, de nuevo Lisboa. Volver a Lisboa en invierno es tener la oportunidad de volver a descubrir su luz amortiguada como si fuera la primera vez, como si fuera única, volver a encontrarse con la ciudad bajo esa capa encubridora, difusa e insinuante en la que se envuelve para reforzar su melancolía. Es un tiempo ideal para volver a perderse entre las calles, en sus cuestas, en sus tiendas, por sus rincones. Esa eterna decadencia romántica que posee la capital portuguesa hace de ella una ciudad mágica y única. Por eso es tan atractiva, por eso gusta, por eso en todo el que la conoce se queda enquistada la necesidad de volver, por eso queremos siempre regresar a empaparnos de su aroma. De ahí las impresiones que nos embargan una y otra vez cuando desde lejos la recordamos.

La añoranza de Lisboa es realmente de locos pero es totalmente real. Cada poco tiempo renacen con fuerza las ganas de Lisboa, periódicamente reviven en las entrañas unas ansias renovadas de acercarnos a la capital lusa con amigos o en soledad, porque Lisboa también es generosa cuando uno la paladea consigo mismo. Nunca se pierde en el olvido la apetencia por ese bacalhau a las mil maneras que se enquista en el alma como un anhelo irrenunciable, ni las ansias de un deambular callejero curioso y sorprendente, con ese inconfundible sonido de fondo que es el traqueteo de los tranvías amarelos, ni la nostalgia de un asomo de aventura urbana delante de un portal o detrás de cualquier esquina, ni la sensación de caminar en medio de un descubrimiento constante. Lisboa crece, se renueva, cambia constantemente, pero permanece siempre fiel a sí misma. Volver a Lisboa es volver a sentir un latido intenso, una atracción fatal, es acercarse al reencuentro, a los amores adormecidos con los que siempre seguiremos soñando.